Carrie vuelve a la pantalla y esta vez se descubre leyendo los libros que su madre le prohibía
La nueva serie basada en la novela de Stephen King usa la literatura como motor del despertar adolescente: la protagonista elige cinco títulos censurados que reflejan su proceso de liberación, y en un rincón del segundo episodio aparece un guiño a El Exorcista que conecta al director con su próxima película.
Cuenta la leyenda que en el primer día de clases conviene llevar un libro debajo del brazo para disimular los nervios, pero si la que entra al aula es Carrie White, la hija criada a oscuras por una madre fanática, ese libro termina siendo un acto de rebelión en toda regla. Eso es justamente lo que propone la nueva adaptación televisiva de Carrie, la novela de Stephen King, que viene prestando mucho más que la clásica escena del balde de sangre: toda una educación sentimental a través de la lectura, con los libros prohibidos como bandera y con un guiño cinéfilo que los fans del terror van a querer descifrar capítulo por capítulo.
Una sala de clases como primera sala de lectura
Antes de hablar de la serie hay que detenerse un instante en cómo está pensada su puesta en escena. El instituto donde llega Carrie por primera vez no es solo un colegio secundario estadounidense de pueblo chico: funciona como una pequeña biblioteca a cielo abierto, con estanterías al fondo, paredes de color crema y una luz de fluorescente un poco gastada que parece sacada de los años setenta, la época en que King escribió su primera novela. Esa ambientación tan cuidada es la que le permite a la serie ubicar a la protagonista, interpretada por Summer H. Howell, casi siempre con un libro entre manos: pasó la vida entera educada en casa por su madre, Margaret White (Samantha Sloyan), y la lectura termina siendo la primera ventana de verdad al mundo exterior.
“¿Establecemos una nueva regla de vida a partir de esta noche: intentar siempre ser un poco más amables de lo necesario?”El pajarito blanco, de J. M. Barrie
Esa cita la larga Carrie el primer día de clases, cuando todavía no sabe bien cómo pararse frente a sus compañeros. Nadie entiende de qué habla ni de dónde sacó la frase, y ese momento sirve para mostrar el contraste entre la chica tímida que memoriza párrafos en su cuarto y la adolescente que empieza a asomarse a una vida con reglas distintas a las de su madre.
Cinco libros censurados como declaración de principios
El salto más fuerte llega en el segundo episodio, cuando el orientador del colegio, Peter Morton (Tim Bagley), la lleva a conocer la biblioteca escolar. Ahí Carrie elige cinco títulos, uno por uno, y ahí también la serie deja en claro que la lectura no es decorativa: es militancia. La lista es la siguiente:
- El cuento de la criada (Margaret Atwood): el mundo distópico de Gilead como espejo de lo que una sociedad controla sobre los cuerpos de las mujeres.
- Alguien voló sobre el nido del cuco (Ken Kesey): el manicomio como metáfora de cualquier sistema que decide quién está loco y quién no.
- Sé por qué canta el pájaro enjaulado (Maya Angelou): la voz de una mujer afroamericana que aprende a decir lo que le pasa a través de la escritura.
- Buscando a Alaska (John Green): la primera gran novela millennial sobre despedirse antes de tiempo.
- Anoche en el Telegraph Club (Malinda Lo): un romance lésbico ambientado en los años cincuenta, pensado para lectoras adolescentes.
Lo elegante de la selección es que todos esos libros tienen algo en común: en algún momento fueron cuestionados, retirados o directamente prohibidos en escuelas de Estados Unidos por abordar la sexualidad, el racismo, la libertad individual o el cuestionamiento de la autoridad. Exactamente los temas que Margaret White intenta mantener lejos de su hija. Leerlos, para Carrie, es un gesto chico y enorme al mismo tiempo: es animarse a pensar en voz alta lo que en su casa no se puede ni nombrar.
El guiño a El Exorcista que casi nadie nota
Pero el detalle que más se comenta en redes, y el que terminó de confirmarme que esta Carrie viene con dos capas de lectura, aparece también en el segundo capítulo, más o menos alrededor del minuto 31. Mientras Carrie está parada en medio de la biblioteca eligiendo sus libros, al fondo se ve a otra estudiante leyendo tranquilamente El Exorcista, la novela de William Peter Blatty. No es un libro al azar y tampoco está puesta ahí de adorno: el director de la serie es el mismo que tiene en producción El Exorcista: Mártires, una nueva entrega de la franquicia pensada para llegar a los cines en marzo de 2027, con Scarlett Johansson y Chiwetel Ejiofor como cabezas de cartel.
Lo que me gusta de ese cruce es que la serie funciona en dos niveles: por un lado cuenta el despertar de una adolescente a través de lo que lee, y por el otro deja pistas sobre el universo del director, como si Carrie fuera una hermana menor de las próximas películas que se vienen. Cuando uno termina el segundo episodio tiene la sensación de haber visto una clase intensiva de literatura, de terror y de televisión al mismo tiempo, y eso no es poco para una serie que arranca con una chica tímida, un balde de sangre y una madre que todavía cree que todo se arregla con rezos.
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