Cinco rincones del planeta donde la vida se estira y las claves que los argentinos podemos copiar
Fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y un motivo para levantarse cada mañana: lo que comparten las comunidades más longevas del mundo, según el cardiólogo Jorge Tartaglione, que recordó que la genética solo explica el 25 por ciento de cuánto vivimos.
Son las cinco de la tarde en la cocina de Marta Domínguez, en el barrio de Belgrano, y la pava empieza a silbar mientras ella acomoda un plato con bananas, manzanas y un poco de queso fresco. Tiene 57 años, dos nietas que la vuelven loca y una duda que le quedó dando vueltas desde que leyó una nota sobre los lugares del mundo donde la gente vive más y mejor. «Yo camino todos los días hasta la parada del colectivo, rezo todos los domingos y tomo mate con mis amigas del club», me dice mientras sirve el agua caliente. «¿Alcanza con eso o me falta algo?». La pregunta de Marta resume lo que millones de personas de su edad se preguntan acá en la isla grande: qué hacer hoy, mañana y pasado para sumar años sin enfermedades.
Para responderla, el cardiólogo Jorge Tartaglione recorrió cinco zonas del planeta conocidas por la expectativa de vida de sus habitantes y buscó el patrón común. La conclusión, según explicó, es que la genética define apenas el 25 por ciento de la longevidad. El resto, insistió, depende de cada uno. «Definimos nosotros el 75 por ciento», resumió el profesional, que además señaló que quienes tienen entre 55 y 56 años tienen una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más de vida sin enfermedad si adoptan ciertos hábitos.
Loma Linda: la fe como factor protector
El primer punto del mapa es Loma Linda, una ciudad de California donde la comunidad es mayoritariamente adventista. Tartaglione les atribuye a sus creencias religiosas una diferencia de hasta diez años en la expectativa de vida respecto de la media estadounidense. No es un detalle menor: en un país con altos niveles de estrés y consumo de comida ultraprocesada, este grupo se cuida también el alma, y eso, según el especialista, se nota en el cuerpo.
Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa: el movimiento, la tierra y el propósito
- Costa Rica: el consumo habitual de frutas tropicales y un ritmo de vida tranquilo hacen que muchos habitantes superen los 80 años.
- Icaria, Grecia: la geografía de la isla, con subidas y bajadas pronunciadas, obliga a sus residentes a caminar de manera constante a lo largo del día.
- Cerdeña, Italia: la dieta se basa en lo que la tierra produce de forma natural. «Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre», definió Tartaglione, en contraposición a los ultraprocesados.
- Okinawa, Japón: el concepto de propósito diario estructura la vida de sus habitantes, con personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música.
“No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo.”Jorge Tartaglione, cardiólogo
El hilo que une a las cinco comunidades es bastante terrenal: movimiento cotidiano, alimentación poco procesada, vínculos sociales activos y algún tipo de motivación que organice el día. Ninguno de esos hábitos requiere recursos extraordinarios ni condiciones excepcionales, algo que a Marta le sirvió como anillo al dedo. «O sea que lo del mate con las chicas cuenta», me dijo con una sonrisa mientras apagaba la pava. «Menos mal, porque es lo único que no pienso dejar». Ahora, como ella, uno puede empezar por donde le quede más cómodo: bajar una estación de colectivo antes, volver a la verdulería del barrio en lugar del supermercado, reencontrarse con un amigo que se perdió en la rutina. El cardiólogo lo dice sin vueltas: el 75 por ciento de cuánto vivimos lo definimos nosotros, y la mejor noticia es que todavía hay tiempo de escribir esa parte de la historia.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Sur Extremo Noticias