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DOM, 06 SEPT 2026
Vida

Puchero, el perro que lleva más de una década de patrulla junto a los bicipolicías de Neuquén

Duerme en la Comisaría Primera, tiene su propio colchón y cada mañana espera en la puerta para pedalear junto a los agentes. La historia de un visitante que nunca quiso irse.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Son pasadas las ocho de la mañana en la esquina de Ministro González y Mendoza y ya está ahí, parado en la puerta de la Comisaría Primera, como esperando el primer movimiento del turno. No es un agente, ni un cadete, ni un civil que entró a hacer un trámite. Es Puchero, un perro de unos doce años, acaso alguno más, que hace más de una década adoptó esa esquina como propia y nunca más se fue. Acá en la isla neuquina lo conocen hasta los que no son de la fuerza, y cuando lo ven cruzar una plaza o correr junto a las bicicletas de los uniformados, muchos todavía se sorprenden de que no tenga dueño en una casa particular. La realidad es que, de algún modo, sí lo tiene, pero su casa es esta.

Un visitante que se quedó una década

Nadie lo trajo. Eso lo repiten en la seccional como quien repite un dato familiar, porque forma parte de la historia oral de la dependencia. Un día apareció, se quedó, y con el paso de los turnos se fue ganando un lugar que hoy nadie discute. En el patio de la comisaría tiene su propio colchón, donde duerme cada noche, y dentro de la cocina come gracias a los aportes del propio personal, que se ocupa de mantenerlo sin que falte nada. Sobre el lomo luce un chaleco impermeable que le cosieron integrantes de la agrupación Patas Unidas Neuquén, con una leyenda que ya es su marca registrada: "No me lo robes... yo también tengo frío".

La rutina de los bicipolicías y un socio fiel

Los bicipolicías son quienes más tiempo comparten con él. Esa modalidad de patrullaje nació en el año 2000 por impulso del entonces comisario Mario Barros y de un grupo de agentes de Cutral Co que empezaron a recorrer el territorio en bicicleta. Puchero llegó mucho después, pero adoptó la rutina como si hubiera estado desde el primer día. Cuando arranca el turno, ya está listo en la puerta. "Aparte de ser un compañero, es el primero que está listo para salir a hacer las tareas de prevención", cuenta el agente Nemesio Lagos, que lleva nueve años en la fuerza y lo conoce desde su primer día de servicio. Y agrega, con la confianza de quien sabe que el dato importa: "Cuando pedaleamos siempre hacemos una parada fija para no cansarlo demasiado".

Carácter, calle y comportamientos

  • Con otros perros se muestra indiferente y, si alguno lo provoca, directamente lo ignora.
  • Ante un procedimiento tenso, ladra para alertar al personal, pero no escala la situación.
  • Tiene vacunas al día y controles veterinarios periódicos que costean los propios efectivos.
  • Su radio de movimiento es amplio: pasa por la zona del hipermercado Jumbo, el corredor este-oeste y la Comisaría Segunda, y a veces aparece por su cuenta en la División de Policía Motorizada, sobre calles Petróleo e Intendente Carro.
“Se da cuenta enseguida. Solo se pone a ladrar para dar alerta, pero no pasa de eso.”Aldana Campos, agente de la Comisaría Primera

Hubo intentos de adoptarlo, pero no aceptó irse

A lo largo de los años, más de un vecino se acercó a la seccional preguntando si podía llevárselo. También hubo agentes que lo evaluaron como una posibilidad, sobre todo cuando alguien veía en él al perro ideal para una casa con chicos. Pero Puchero nunca terminó de aceptar la idea. "Lo quisieron adoptar, pero no pasó nada. Se quedó en la jefatura. Ya es de acá", resume Campos, con esa mezcla de resignación y cariño que se gasta cuando uno describe a un animal que ya eligió su lugar en el mundo. Nosotros, los que vemos la escena desde afuera, solemos pensar que un perro callejero necesita una familia; este caso recuerda que, a veces, la familia la encuentra uno en el trabajo, entre compañeros que comparten turno y oficio.

Hoy, cada vez que Puchero camina por el centro de Neuquén con su chaleco verde y las bicicletas de la fuerza a su lado, los transeúntes se detienen a sacarle una foto. Algunos todavía preguntan si está perdido, si alguien lo busca, si necesita un hogar. La respuesta de los efectivos ya sale sola, con una sonrisa: está en su casa, tiene su colchón, su plato y su ronda. Lo que la gente espera ver, cada mañana, es esa imagen entrañable del perro que sale primero a la puerta, listo para empezar el patrullaje junto a los suyos. Y hasta ahora, nunca falló.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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