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LUN, 14 SEPT 2026
Turismo

Corn potage: la crema de maíz que Japón volvió suya y ahora puede copiarse en cualquier cocina

La sopa nace del yoshoku, la corriente que tomó platos europeos y los hizo japoneses. La receta base usa dos mazorcas frescas, cebolla, mantequilla y leche, y se sirve caliente en invierno o fría en verano.

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Ignacio JerkovicTurismo · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Vine a esta nota arrastrando una memoria bastante concreta: la de una taza de corn potage servida en un comedor pequeño de Tokio, en pleno febrero, con la lluvia golpeando los aleros y una sensación térmica que no necesitaba termómetro para sentirse en los huesos. Por eso, cuando me crucé con esta receta, no pude dejar de pensar en cuántos lectores argentinos la están buscando sin saber que ya la tuvieron delante, en una lata o en una carta de sushi, sin identificarla por su nombre.

El corn potage integra la gran familia del yoshoku, esa rama de la cocina japonesa que a fines del siglo XIX y durante el XX tomó preparaciones de origen francés y europeo, las pasó por su propio filtro técnico y las terminó instalando en la mesa cotidiana. Convive con el omurice, con el hambagu y con el katsudon, y comparte con ellos una condición: ya nadie en Japón lo percibe como un plato ajeno. Es, simplemente, comida de casa.

La técnica que cambia todo

Lo que distingue a esta sopa de una crema de maíz convencional está en un paso que muchos saltean: usar las mazorcas, ya desgranadas, como parte del caldo. Los granos se reservan, pero las corontas vuelven a la olla junto con el agua y el resto de los ingredientes para soltar el dulzor natural del cereal. Esa decisión, simple y silenciosa, es la que explica por qué la versión japonesa tiene una profundidad de sabor que las cremas occidentales rara vez alcanzan.

  • Rehogar media cebolla en láminas con una cucharada de mantequilla y media de aceite de oliva, con una pizca de sal, hasta que quede transparente.
  • Sumar los granos de dos mazorcas, las mazorcas reservadas y unos 400 mililitros de agua; llevar a hervor y cocinar suave entre 25 y 30 minutos, retirando la espuma.
  • Descartar las mazorcas, triturar con batidora de mano y pasar por colador fino para eliminar las pieles del maíz.
  • Devolver la crema a la olla, corregir sal y agregar leche hasta lograr la textura deseada.
  • Terminar con un hilo de crema de leche, aceite de oliva y perejil fresco picado al servir.

La receta rinde para dos porciones, no pide equipamiento especial y se adapta al estado del tiempo: caliente en invierno, fría en verano sin modificar la base. En Japón rara vez se presenta como plato principal; suele funcionar como entrada o acompañamiento dentro de un menú de estilo occidental, una idea que en la Argentina se traduce sin esfuerzo como primer paso de una comida o como cena liviana con buen pan al lado.

Mi recomendación, si están por animarse, es esperar la temporada de mazorca fresca y prepararla un sábado al mediodía, cuando todavía hay luz y la cocina no pide calefacción. Sirvanla entre las 13 y las 14, bien caliente, con un pan de campo tostado al lado y un abrigo liviano cerca, porque el dulzor del maíz entra fácil pero la crema, si está muy caliente, también pide pausa. Y si la quieren probar en modo verano, cuelen la preparación, déjenla enfriar y sírvanla en vaso largo con hielo, como hacen en algunos izakayas de Tokio: ahí se entiende de una vez por qué Japón decidió adoptarla.

IJ

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