Cuando esa llaga en la boca deja de ser un tema menor y conviene llamar al profesional
Una lastimadura dentro de la boca suele irse sola en pocos días, pero hay señales claras para no dejarla pasar y pedir turno con un odontólogo o un médico de cabecera.
Me lo dijo Miriam, acá en la isla, mientras esperaba el bondi en la parada de siempre, con la mano en la mejilla y esa cara de fastidio que todos alguna vez pusimos cuando una llaga en la boca no nos deja ni comer un pedazo de pan sin arder: "Ya van tres veces en el año, yo pensé que era por el café muy caliente, pero algo no anda bien". Y la verdad es que Miriam tiene razón en hacerse esa pregunta, porque las aftas comunes, esas heridas pequeñas y dolorosas que aparecen en la cara interna de los labios, en las mejillas o sobre la lengua, casi siempre se resuelven solas en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento, pero cuando se repiten, se agrandan o simplemente no se van, ahí la cosa cambia y empieza a pedir una consulta profesional que uno no debería postergar.
Qué son las aftas y por qué no se contagian
Vamos por partes, como nos gusta explicar acá cuando el tema es de salud y nos toca a todos. Las aftas, que también se conocen como llagas bucales, son úlceras que se forman dentro de la boca, en zonas donde la mucosa está expuesta al roce constante con los dientes, la lengua o los alimentos. No tienen un origen infeccioso, no se transmiten por besar a alguien, ni por compartir un vaso, ni por un beso en la mejilla, y según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos, los tratamientos disponibles apuntan a aliviar el dolor y favorecer la cicatrización, aunque no garantizan que las lesiones no vuelvan a aparecer más adelante.
- Una llaga que dura más de dos semanas sin señales de mejoría.
- Aftas que reaparecen una y otra vez a lo largo del año.
- Lesiones grandes o que se extienden más allá del tamaño habitual.
- Una llaga nueva que aparece antes de que termine de cicatrizar la anterior.
- Dolor que no se controla y que impide comer o beber con normalidad.
- Fiebre o malestar general que acompaña a la llaga.
Qué las provoca y por qué a veces vuelven
Ahora bien, nosotros sabemos que la vida cotidiana tiene sus pequeñas trampas para la boca, y la Clínica Mayo menciona varias de ellas: morderse accidentalmente la cara interna de la mejilla, cepillarse los dientes con demasiada fuerza, el roce de un aparato de ortodoncia mal ajustado, una prótesis que molesta, o el borde filoso de una pieza dental que raspa sin aviso. A eso se suman los alimentos ácidos, picantes o muy salados, que irritan la zona y pueden hacer que una molestia pasajera se transforme en una llaga que tarda más en irse. La buena noticia es que identificar y corregir ese factor, ya sea cambiando la técnica de cepillado o ajustando una prótesis, reduce las chances de que la irritación se repita.
En los casos de aftas que vuelven con regularidad, la misma Clínica Mayo señala que puede haber una relación con niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, aunque aclara que esa asociación no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba lanzarse a tomar suplementos por cuenta propia. Lo que corresponde, y acá viene el consejo que uno le daría a Miriam y a cualquier vecino que esté en la misma, es pedir una evaluación profesional para que el odontólogo o el médico de cabecera revisen la historia clínica, los síntomas y, si lo consideran necesario, indiquen un análisis de sangre que permita descartar otras causas antes de hablar de aftas recurrentes.
“Una revisión publicada en el repositorio científico PMC advierte que, antes de atribuir las lesiones a aftas recurrentes, es necesario descartar otras causas posibles. Por eso, en episodios frecuentes, la evaluación incluye los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.”Repositorio científico PMC
Lo que Miriam espera, y lo que uno espera cuando tiene una lastimadura así que no se va, es que el profesional la revise con tiempo, le explique qué está pasando y, sobre todo, le saque la duda de si eso que parece una simple llaga es algo pasajero o una señal de que el cuerpo está pidiendo un poco de atención extra. Porque una afta ocasional, como nos pasa a casi una de cada cuatro personas a lo largo de la vida, no tiene por qué generar alarma, pero cuando la herida deja de cumplir los plazos razonables, se agranda o se vuelve una compañía repetida, la consulta deja de ser opcional y pasa a ser la forma más sensata de cuidarnos la boca y, de paso, la tranquilidad de uno mismo.
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