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DOM, 06 SEPT 2026
Turismo

El guiso de chipirones que se cocina en media hora y resuelve la mesa sin esfuerzo

Patatas chascadas, gambones al final y un caldo que se espesa solo: la receta marinera que se entiende, sale rápido y admite dos lecturas en el plato.

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Ignacio JerkovicTurismo · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Hay una categoría de platos que en casa aparecen casi por obligación cuando empieza a refrescar: los guisos de cuchara, esos que tientan con el vapor apenas levantás la tapa y que admiten una segunda vuelta al día siguiente sin perder gracia. Entre ellos, el guiso de chipirones con patatas ocupa un lugar de privilegio porque combina tres cosas que no siempre se dan juntas: es económico, se prepara en menos de treinta minutos y no exige técnica complicada. La fórmula es directa: un caldo de pescado que se espesa por sí solo, unas patatas cortadas a la antigua —chascadas, no en cubos perfectos— y unos gambones que se suman casi sobre el final para no pasarse de cocción.

Por qué chascar las patatas cambia todo

El truco que sostiene la receta está en un gesto pequeño y viejo: chascar las patatas. En lugar de cortar el tubérculo en dados prolijos, se inicia el corte con el cuchillo y se termina de romper el trozo con la mano. Esa superficie irregular, con bordes deshilachados, libera almidón al caldo y lo espesa de manera natural, sin necesidad de harina ni de ningún otro espesante. El resultado es un fondo levemente ligado, con cuerpo, que se pega a las patatas y a los chipirones en cada cucharada.

Los chipirones entran primero a la cacerola con un hilo de aceite de oliva. Se saltean apenas un par de minutos, hasta que cambian de color, y entonces se suman las patatas junto con el sofrito. El conjunto se deja unos cinco minutos a fuego medio antes de incorporar el caldo de pescado: ese paso previo asegura que las patatas lleguen a la cocción tiernas de manera pareja, sin que el exterior se deshaga mientras el centro queda crudo. Con el caldo cubriéndolas, la cocción a fuego lento se extiende por unos quince minutos.

  • Saltear los chipirones primero, hasta que cambien de color, antes de sumar el resto de los ingredientes.
  • Chascar las patatas en lugar de cortarlas en cubos: el almidón que liberan espesa el caldo sin harina.
  • Sumar los gambones pelados y las judías verdes recién al final, para que no se pasen de cocción.
  • Dejar reposar la olla tapada unos minutos antes de servir: las patatas retienen calor y los sabores se terminan de integrar.

Dos formas legítimas de comerlo

Sobre la mesa, el guiso admite dos lecturas y las dos funcionan. Hay quienes lo sirven tal como sale de la olla, con cuchara y abundante caldo, y se quedan en esa primera versión, la más clásica. Otros, en cambio, prefieren aplastar las patatas con el tenedor para mezclarlas con el fondo y convertirlo en algo más espeso, casi en una salsa, donde los chipirones y los gambones quedan envueltos en una crema rústica. No hay una forma equivocada: la receta contempla las dos y se adapta al hambre y al momento del comensal.

Para completar el menú sin sobrecargar, alcanza con un entrante pequeño antes: unos mejillones al vapor o una ensalada breve son suficientes. El guiso, de por sí saciante, se sostiene solo como plato principal y, si sobra, mejora al día siguiente con un reheententado suave. Si te animás a probarlo en casa, mi recomendación es servirlos bien calientes, con el caldo todavía humeante, y acompañarlos con un pan que pueda mojarse sin romperse: en esta zona, un pan de campo con miga firme aguanta mejor el cuchara que una baguette. La temperatura ideal para disfrutarlo es esa franja en la que el plato llega a la mesa a unos setenta grados, lo justo para que el último bocado conserve el perfume del sofrito sin quemarte los labios.

IJ

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