La vuelta al gimnasio después de las vacaciones: cómo entrenar sin pagar caro la pausa
Tras semanas sin moverse, el cuerpo pierde fuerza, potencia y coordinación. Especialistas en medicina del deporte y literatura científica coinciden en que la clave está en reducir volumen, bajar la intensidad y escuchar las señales del organismo antes de volver al ritmo de siempre.
Volvés de las vacaciones con la mochila cargada de buena onda y la lista nueva de pendientes. El lunes a la mañana, en lugar de abrir la planilla del laburo, abrís el placard y sacás la ropa de entrenamiento como si nada hubiera pasado. Pero el cuerpo, claro, no entiende de buenas intenciones: tres semanas sin hacer un plank ni una sentadilla pesan, y mucho. Te das cuenta cuando intentás levantar la bolsa del súper, subís las escaleras del subte o te sentás en el sillón y sentís que los gemelos se quejan como si les debieras plata.
Acá en la isla, donde el ritmo lo marca la marea y no la agenda del fit, la idea de retomar el entrenamiento después de una pausa larga genera una pregunta inevitable: ¿arranco donde dejé o me aguanto las ganas unos días? La respuesta, según especialistas en medicina del deporte y según lo que viene apareciendo en literatura científica sobre retorno al deporte, es bastante clara: ni una cosa ni la otra. Lo que sirve es una transición paciente, calculada, casi artesanal, donde se baja el volumen, se baja la intensidad y se le da al cuerpo tiempo para volver a ser el de antes.
El cuerpo no es el mismo después de la pausa
Después de unas vacaciones, una lesión o cualquier corte prolongado, el organismo cambia aunque uno no se haya dado cuenta. La tolerancia al esfuerzo cae, los músculos pierden parte de su capacidad para absorber cargas altas y el sistema nervioso tarda en recuperar los patrones de movimiento. Por eso, retomar desde donde se dejó, sin transición, multiplica el riesgo de contracturas, tendinitis y lesiones que aparecen justo cuando uno se sentía motivado.
Gabriela, vecina del barrio de Palermo que volvió al gym después de un mes en la costa, me lo dijo sin vueltas mientras esperábamos el colectivo: "Fui convencida de que estaba igual. Hice la misma rutina que en diciembre y al tercer día tenía la espalda tan trabada que no podía ni atarme los cordones. Tardé más en recuperarme de la recaída que lo que había durado la pausa". Su experiencia, multiplicada por miles, es la mejor postal de lo que la ciencia del deporte viene alertando hace rato.
En el fondo, empezar con menos intensidad no es retroceder ni bajar los brazos. Es, como repiten los especialistas en medicina del deporte, la forma más segura de volver a moverse. La meta no es recuperar el nivel anterior en el menor tiempo posible, sino permitir que el organismo se readapte sin sobrecargarse.
Nosotros, los que alguna vez dejamos el gym en pausa durante el verano o después de un viaje largo, sabemos lo tentador que resulta querer comprimir en una semana lo que se perdió en un mes. Pero el cuerpo lleva la cuenta, y la factura llega tarde: con una contractura, con un dolor lumbar o con la famosa tendinitis que aparece justo cuando pensabas que estaban afinando. Respetar los tiempos de recuperación, dormir bien y escuchar las señales del cuerpo son, hoy por hoy, los ejes centrales que coinciden en señalar tanto los consultados como los estudios publicados.
La próxima vez que enciendas la alarma para volver al entrenamiento, entonces, acordate de Gabriela y del colectivo en Palermo. La constancia vale más que la intensidad, y la vuelta inteligente vale más que la arrancada en falso. Si algo sabemos los que hacemos deporte desde hace años es que el cuerpo que vuelve de a poco es, casi siempre, el que se queda.
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