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LUN, 14 SEPT 2026
Vida

Neuquén y el sueño de volar entre pueblos: dos rutas que achican la provincia a 50 minutos

Una aerolínea local conecta desde esta semana la capital con Chos Malal y Chapelco. Aviones de 19 plazas, frecuencias limitadas y pasajes que ya casi no quedan para septiembre.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · 14 DE SEPT DE 2026 · lectura 5 min

Son las diez de la mañana y el primer avión de la semana todavía tiene los motores tibios. En la pista del aeropuerto de Neuquén, una de esas aeronaves chicas que parecen más un colectivo del cielo que otra cosa ya está lista para levar anclas con destino a Chos Malal, allá en el norte de la provincia. Del otro lado del mostrador, una fila de pasajeros con valijas chicas y la expectativa lógica de quien sabe que en lugar de seis horas de colectivo va a tardar apenas cincuenta minutos. Acá en la isla, como decimos los neuquinos cuando hablamos del territorio que se estira entre la cordillera y la estepa, achicar las distancias es casi un acto político: es poder ir al médico, visitar a la madre, cerrar un negocio, sin comerse un día entero de ripio y curvas.

La novedad es concreta y tiene nombre. Desde esta semana una aerolínea local, American Jet, opera dos rutas que parten de la capital provincial y tocan dos destinos bien distintos entre sí. Por un lado, Chos Malal, en el corazón del norte neuquino. Por el otro, Chapelco, el aeropuerto que sirve a San Martín de los Andes, ya metidos en el sur cordillerano. En los dos casos el vuelo dura cincuenta minutos, una cifra que pone en perspectiva las seis horas -seis y media, según el destino- que hoy insume el colectivo para unir los mismos puntos.

Horarios, frecuencias y precios que ya vuelan

  • A Chos Malal hay dos frecuencias semanales. Lunes, salida a las 10:00 y regreso a las 11:20. Jueves, parte a las 13:10 y vuelve a las 14:25. Pasaje de septiembre: 140.000 pesos por tramo, 280.000 ida y vuelta.
  • A San Martín de los Andes hay tres frecuencias: martes, jueves y sábados. En todos los casos la salida desde Neuquén es a las 10:00 y el regreso parte a las 11:20. Pasaje de septiembre: 175.000 pesos por tramo, 350.000 ida y vuelta.
  • Los aviones son biturbo hélice con capacidad para 19 plazas, un modelo habitual para rutas cortas de montaña.
  • La disponibilidad para septiembre ya es escasa, por lo que conviene reservar con anticipación en el sitio web de American Jet o en las agencias de viajes de Neuquén que fueron habilitadas para operar las rutas.

El dato económico no es menor y ayuda a mirar la foto completa. El colectivo a Chos Malal cuesta 99.600 pesos el tramo y el cama a San Martín de los Andes ronda los 137.000. Es decir: el avión es más caro, sí, pero lo que se compra con la diferencia es algo que no tiene precio en la agenda de cualquiera de nosotros, que es tiempo. Seis horas contra cincuenta minutos. Una jornada laboral contra una mañana con vuelta a casa para almorzar.

“Los vuelos están pensados para que perduren en el tiempo, no sólo para fomentar el turismo sino para ayudar a la comunidad a estar más conectada por temas laborales o de salud.”Sergio Sciacchitano, subsecretario de Turismo de la provincia

La fórmula detrás de la operación tiene una lógica bien clara. La provincia aporta fondos para cubrir un umbral del ochenta por ciento de ocupación por vuelo; si las diecinueve plazas se venden completas, ese aporte se reduce a cero. Es, en criollo, un esquema de garantías: el Estado se hace cargo del riesgo hasta que la ruta demuestre que puede sostenerse sola. La idea inicial, dicen desde la Subsecretaría, es crecer de manera gradual: empezar con aviones chicos para garantizar ocupación y, si la demanda acompaña, escalar a aeronaves de mayor capacidad. Nada de sobredimensionar la oferta ni de quemar plata en butacas vacías.

Carlos, vecino del barrio Belgrano y que trabaja en una empresa de servicios petroleros con base en Neuquén capital, me lo dijo mientras cargaba combustible en la estación de la ruta 22: para él, que cada quince días tiene que ir a una reunión a San Martín de los Andes, la diferencia entre subirse a un colectivo un domingo a la noche o tomar un avión a las diez de la mañana y volver al mediodía es, literalmente, no perder un día entero con la familia. Como él, hay miles de trabajadores, profesionales de la salud, docentes, comerciantes y familias que hasta ahora elegían entre gastar el día en la ruta o directamente no ir. Esa es la barrera que estas dos rutas prometen empezar a romper, al menos para quienes puedan pagar el boleto.

La pregunta que sobrevuela toda esta novedad es cuánto durará la prueba. En el norte, con dos frecuencias semanales, y en el sur, con tres, la oferta es limitada por diseño: se vuela poco, pero se vuela lleno, o por lo menos eso es lo que busca garantizar el esquema provincial. Si septiembre, que ya muestra poca disponibilidad, termina con ocupaciones altas, el siguiente paso ser más frecuencias o aviones más grandes. Si no, la experiencia corre el riesgo de quedar en una foto linda para el archivo y en otra promesa que el viento de la Patagonia se llevó.

Por ahora, lo cierto es que desde este lunes un neuquino puede desayunar en su casa, volar cincuenta minutos, almorzar en Chos Malal o en San Martín de los Andes, hacer el trámite que tenga que hacer y volver a la capital antes de que anochezca. Para una provincia que se estira más de mil kilómetros de norte a sur, esa simple posibilidad cambia la conversación. Nosotros, los que vivimos acá en la isla, sabemos que cuando el avión deja de ser un lujo y se vuelve una herramienta, la vida cotidiana de un montón de familias se reordera para bien. Falta ver si los números acompañan y si, como esperan Sciacchitano y los equipos de turismo, estos vuelos dejan de ser una prueba piloto para convertirse en una línea aérea de las nuestras, de las que unen pueblos y no sólo ciudades.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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