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DOM, 06 SEPT 2026
Turismo

Pedalear entre coihues y espejos de agua: la Ruta de los Siete Lagos, kilómetro a kilómetro

Un recorrido de 110 kilómetros entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes que se puede hacer por cuenta propia con una bici alquilada o en un tour organizado con vehículo de apoyo. Temporada, costos, desniveles y recomendaciones de quien ya conoce el camino.

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Ignacio JerkovicTurismo · 5 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

La Ruta de los Siete Lagos se estira a lo largo de 110 kilómetros dentro de los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, entre Villa La Angostura y San Martín de los Andes, y en la última temporada veraniega se convirtió en una de las opciones más buscadas por quienes quieren dejar la combi estacionada y subirse a la bicicleta. El trazado pasa por los lagos Lácar, Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso y Espejo, con miradores, bosques de coihues y lengas, cascadas y valles que se abren como si el paisaje patagónico hubiera decidido estirar los brazos.

Dos modalidades para un mismo camino

La primera es el viaje autónomo: se alquila una bicicleta con un trailer chico donde van casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo, se retira en San Martín de los Andes y se devuelve en Villa La Angostura. El recorrido clásico dura tres días y dos noches, y los campings del camino aparecen señalados en un mapa que entrega la empresa de alquiler.

La segunda opción es el tour organizado, que arranca en Bariloche e incluye el Circuito Chico, Paso Córdoba, Laguna Rosales y los Arrayantes antes de llegar a la Ruta de los Siete Lagos. Dura cinco días, se mueve en grupos de entre 30 y 40 personas, ofrece bicicletas eléctricas y suma guías, mecánicos y un vehículo de apoyo que va recogiendo a quien necesita un respiro. Es la modalidad que eligen, sobre todo, los viajeros mayores de 50 años. También hay operadores con itinerarios de dos, tres y cuatro días saliendo desde Villa La Angostura hacia San Martín de los Andes, con la logística previa y posterior resuelta de antemano.

Qué pide el cuerpo

Los guías consultados coinciden en lo mismo que repite cualquiera que ya haya hecho el viaje: no hace falta ser ciclista de alto rendimiento, pero sí llegar con un mínimo de estado físico. El segundo día suele ser el más exigente por la acumulación de kilómetros y los desniveles. Para quien vive en zonas llanas, como Buenos Aires, se recomienda un entrenamiento de cinco o seis meses con foco en fuerza de piernas, rodar en calle y no solo en bicicleta fija, y practicar el manejo de cambios y piñones. La alimentación también pesa en el resultado: proteínas e hidratos de carbono antes y durante el recorrido ayudan a sostener el esfuerzo.

  • Temporada alta: noviembre a abril, con enero como mes a evitar por la cantidad de visitantes y los campings completos.
  • Días de marcha: tres días y dos noches en la modalidad autónoma; cinco en el tour con arranque en Bariloche.
  • Equipamiento incluido en el alquiler: casco, inflador, cámaras de repuesto, kit de parches, herramientas, candado y chaleco reflectivo.
  • Terreno: 110 kilómetros mixtos, con tramos de ripio consolidado y sectores con pendiente sostenida, especialmente en el segundo día.
  • Entrenamiento sugerido: cinco a seis meses previos, con énfasis en fuerza de piernas y práctica en calle, no solo en rodillo.

Clima, abrigo y una recomendación con horario

La ventana climática va de noviembre a abril, con mañanas que arrancan cerca de los 5 grados y tardes que pueden trepar a los 25, sobre todo del lado de Villa La Angostura. La amplitud térmica es la regla, no la excepción, y la lluvia patagónica puede aparecer sin aviso en cualquier momento del verano. Para pedalear con margen, conviene salir a las 8 de la mañana con el primer chasquido de luz, cargar una campera rompevientos liviana, un maillot térmico para los descensos del amanecer y un guante fino que no entumezca los dedos en los frenados. Y una recomendación que repiten los guías que conocen el camino: detenerse en el mirador del lago Falkner antes de las 11, cuando el sol todavía golpea de costado y el agua se pone color espejo. Más tarde, la reverberación complica la vista y la foto que uno se lleva no es la misma.

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