Veintisiete años después, la secuela de "Prácticamente magia" le gana el pulso a su propia historia
Con Sandra Bullock y Nicole Kidman otra vez en sus personajes, la continuación aterrizó en las salas con mejor recepción del público que la película de 1998, aunque las dudas sobre su rendimiento comercial siguen abiertas.
Les cuento de entrada lo que ya circulaba por las redacciones antes del estreno: hay algo de poético en que "Prácticamente magia 2" haya mejorado la marca de su antecesora casi tres décadas después. Sandra Bullock y Nicole Kidman vuelven a ponerse en la piel de Sally y Gillian Owens, las hermanas de la familia más hechizada de la ficción reciente, y el público que se acercó a las salas el fin de semana de apertura las recibió mejor que a las originales en 1998. Lo dice el sistema CinemaScore, que les otorgó a la secuela una B+, contra la B- que se llevó la primera entrega en su momento. No es un estallido de fervor, pero la diferencia está a la vista y, tratándose de una franquicia discontinuada durante veintisiete años, no es un dato menor.
La sala antes que la función
Antes de meterme en los números, vale la pena describir el contexto. Hablo del estreno en la cartelera estadounidense, con una Warner Bros. que apostó fuerte: un presupuesto de 75 millones de dólares para devolver a la pantalla a dos estrellas que, mientras tanto, se consagraron en otros rubros. Bullock se afianzó como una de las caras más confiables de la comedia romántica y el thriller de Hollywood, y Kidman construyó un palmarés que incluye el Oscar y un lugar de privilegio en la industria del streaming. Que ambas aceptaran reencontrarse con Sally y Gillian dice algo sobre el cariño que les quedó de aquella experiencia.
Esa es, justamente, la lectura que hacen los analistas al comparar los números. La película original no llegó a las salas con un público previo esperándola: era una propuesta sobre dos brujas en una isla de Massachusetts, con un humor muy particular y un tono que mezclaba la comedia con el drama familiar. Quien iba a verla, iba sin red. La secuela, en cambio, carga consigo la mochila de los seguidores que durante años convirtieron al filme de 1998 en un título de culto, que se intercambiaban VHS y luego DVD, y que celebraron cada vez que el proyecto de la continuación tomaba forma. Es razonable pensar que, en esa bolsa de espectadores, la calificación inicial tiende a ser más generosa.
Prácticamente magia
El recorrido del primer filme ayuda a entender por qué la expectativa se administraba con cautela. La entrega de 1998 no fue un éxito de taquilla cuando se estrenó, pero el boca a boca, las repeticiones en videoclub y un puñado de escenas que se volvieron de culto la fueron empujando hastainstalarse en el imaginario popular. Para esta secuela, eso pesa en dos direcciones: por un lado, garantiza un público fiel que aparece en la primera semana; por el otro, le pone el techo de los fans históricos, que suelen ser menos masivos que el público casual. Los analistas lo dejaron dicho en las horas previas al estreno: para que la inversión de Warner sea rentable, la película necesita sostenerse varias semanas en cartel, no solo explotar el fin de semana de apertura.
Lo que dice la crítica
La crítica especializada recibió a la secuela con un 39% de reseñas positivas en Rotten Tomatoes, apenas por encima del 31% que acumulaba la original. La mejora existe, pero no es contundente y deja poco margen para hablar de un triunfo resonante. En otras palabras, ni los espectadores más entusiastas ni la prensa especializada la están elevando a fenómeno: la están ubicando un escalón arriba de su predecesora, que ya era una película de nicho con legión propia. Para una secuela tardía, esa combinación de números suele traducirse en una sobrevida más larga en salas, en el alquiler digital y en los catálogos de streaming, más que en un fenómeno de weekends de apertura.
Lo que viene en las próximas semanas
La película lidera la taquilla estadounidense en su fin de semana de estreno, pero el dato todavía no alcanza para sacar conclusiones. Falta ver cómo se comporta el lunes y el martes, cómo se sostiene en el resto de la cartelera y si la Warner decide expandir su recorrido a más mercados. Lo que dejó la primera entrega como enseñanza: una película puede fracasar al principio y, con los años, transformarse en un clásico querido. La secuela tiene ahora la oportunidad de repetir ese camino o de conformarse con ser una curiosidad simpática para los fans de siempre. Por lo pronto, Sally y Gillian Owens vuelven a estar en boca de todos, y eso, en tiempos de efímeras modas cinematográficas, ya es bastante.
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