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MAR, 08 SEPT 2026
Turismo

Vinos, etiquetas y letra chica: lo que realmente dice (y lo que no) una botella

Añada, blend, estate, tardío y orgánico encabezan el ranking de palabras que más confunden al consumidor. Una recorrida por los términos que aparecen en las góndolas y qué hay detrás de cada uno, según las reglas del Instituto Nacional de Vitivinicultura y del SENASA.

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Ignacio JerkovicTurismo · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

Soy de los que cada fin de semana se da una vuelta por la vinoteca y se queda varios minutos leyendo etiquetas como si fueran manuscritos medievales. En mi caso, además, lo hago con la advertencia de que en Argentinaconviven más de mil bodegas activas y que la vendimia 2025 dejó alrededor de 25,5 millones de quintales de uva, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura, lo que se traduce en unos 11 a 13 millones de hectolitros de vino en el mercado, según la zona y el tipo de elaboración. Esa cantidad enorme de botellas en góndola obliga a las bodegas a comunicarse como pueden: y ahí aparecen palabras como blend, estate, tardío u orgánico, que suenan bien pero no siempre dicen lo que el consumidor imagina.

Añada, la palabra más repetida y la más mal entendida

La añada es el año en que se cosecharon las uvas, no el año en que el vino llegó a la góndola. Un tinto que aparece en la vinoteca en 2026 puede ser de cosecha 2023, 2024 o 2025, según el tiempo que haya pasado en barricas, tanques de acero, huevos de cemento o directamente en botella. Ese proceso de crianza, que puede ir de unos pocos meses a más de dos años en los grandes varietales, define buena parte del carácter final. Y como el clima no se repite de un año a otro, hay añadas más escasas, más buscadas y, consecuentemente, más caras en la gama alta. Cuando uno ve un 2018 o un 2019 con precio elevado, gran parte de lo que está pagando es justamente eso: una añada corta y reconocida.

Blend, corte y varietal: lo que dice (y lo que calla) la etiqueta

Cuando la botella dice blend o corte, el vino está elaborado con más de una cepa, o con uvas de distintos viñedos o incluso de distintas cosechas. Los porcentajes, en la mayoría de los casos, no figuran en el envase, y el consumidor se queda con la duda. Lo que sí está regulado, en el caso de los vinos varietales, es que el INV exige que al menos el 85% de la composición corresponda a la cepa declarada en la etiqueta. El 15% restante puede ser de otras variedades sin que el productor esté obligado a aclararlo. Es decir: un Malbec puede tener hasta un 15% de Bonarda, Cabernet o Syrah sin que nadie lo diga. Para el consumidor informado, esa es información clave a la hora de comparar dos Malbec de la misma góndola.

Estate y Single Vineyard: cuando la bodega es dueña de la uva

Estate indica que las uvas provienen de viñedos propios de la bodega, lo que en Argentina no es un dato menor: una parte importante de la producción se elabora con uvas compradas a terceros, sobre todo en zonas como Mendoza y San Juan, donde conviven grandes viñedos independientes con bodegas que tercerizan la materia prima. Cuando la procedencia es propia, muchas bodegas lo destacan como valor agregado, porque les permite controlar la calidad desde la finca hasta la botella. La versión más exigente es Single Vineyard, una etiqueta que señala que todas las uvas vienen de un único viñedo, lo que le da trazabilidad y singularidad al vino y suele justificar precios más altos en el segmento premium.

Tardíos, orgánicos y puntajes: tres palabras que conviene mirar de cerca

  • Vinos tardíos: se elaboran con uvas cosechadas fuera del período habitual, cuando ya están pasadas de madurez y parcialmente deshidratadas. Eso concentra el azúcar; parte se transforma en alcohol durante la fermentación y el resto queda como azúcar residual, lo que les da su característica dulzora. Se los sugiere para acompañar quesos o postres, aunque en Argentina se consumen en distintas ocasiones. Los blancos tardíos son los más comunes en supermercados.
  • Orgánico: para que un vino lleve ese rótulo en el país debe haber sido elaborado sin agroquímicos, pesticidas ni fertilizantes sintéticos y contar con una certificación emitida por una empresa habilitada por el SENASA. Sin esa certificación, la palabra orgánico en la etiqueta es, cuanto menos, una promesa sin papeles.
  • Círculos con puntajes de 90 a 100: son una herramienta de marketing. Reproducen las calificaciones que críticos internacionales le asignaron a esa botella, pero no siempre está claro qué partida, qué cosecha ni bajo qué condiciones fue evaluada. Sirven como referencia, no como garantía.

Después de tantos años recorriendo bodegas y escuchando a enólogos, lo que más rescato es una frase que me repite un guía de Maipú cada vez que lo visito: la etiqueta no te cuenta la historia completa, solo te da las pistas. Por eso, antes de elegir, conviene girar la botella, buscar contraetiqueta y, sobre todo, comparar dos vinos de la misma cepa y zona. Si tiene dudas, lo mejor es consultar al sommelier de la vinoteca: la mayoría está dispuesta a explicar y, a veces, hasta a destapar una copa para probar antes de comprar. Mi recomendación, si va a comprar un vino esta semana: vaya temprano a la vinoteca, entre las 10 y las 12, cuando todavía no hace calor en góndola, lleve una campera liviana porque las cavas suelen estar a 14 grados, y pida que le destapen un blend antes de llevarse la botella. Esa media hora de paciencia, casi siempre, se traduce en un mejor vino en la mesa.

IJ

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