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MAR, 15 SEPT 2026
Turismo

Astroturismo en Argentina: una década de noches estrelladas sobre el Valle de la Luna, Cafayate y las Salinas Grandes

Gonzalo Santile recorrió San Juan, Salta, La Rioja, Córdoba, Mendoza y Jujuy para fotografiar el cielo nocturno. Su experiencia deja lecciones concretas sobre permisos, clima, orientación y los secretos técnicos de una disciplina que empieza a ganar visitantes.

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Ignacio JerkovicTurismo · 15 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Diez años de salidas nocturnas, miles de kilómetros y un archivo que ya cuenta con destinos tan distintos como el Valle de la Luna sanjuanino, Cafayate en Salta, Talampaya y otros escenarios riojanos, el Cordón del Plata mendocino, las Altas Cumbres cordobesas y las Salinas Grandes jujeñas. Esa es, en cifras, la década que el astrofotógrafo Gonzalo Santile lleva recorriendo la Argentina bajo las estrellas, y la que dejó registrada en imágenes que muestran relieves, montañas y superficies salinas combinados con sectores del cielo que a simple vista casi nunca se perciben del mismo modo.

Reconocer el terreno antes de que oscurezca

Visitar un paisaje después del atardecer requiere una preparación distinta a la de una excursión diurna, y Santile lo aprendió a fuerza de noches en el campo. Su método empieza siempre con luz natural: recorrer los caminos con el sol todavía alto, revisar por dónde es posible desplazarse, identificar obstáculos y decidir con tiempo dónde va a colocar la cámara. Esa recorrida previa, que parece un detalle menor, es la diferencia entre una sesión ordenada y una noche perdida entre médanos o salares.

Permisos, guías y la regla de no ir solo

Cuando la salida se hace dentro de un área protegida, el acceso se vuelve un punto central que no se puede saltear. "En parques nacionales o provinciales hay que solicitar los permisos correspondientes y no se puede ingresar solo de noche; siempre voy acompañado por un guía o guardaparques", explica Santile sobre su experiencia. Esa obligación, que a veces parece un trámite molesto, termina siendo una red de seguridad clave para quien camina en plena oscuridad por un terreno desconocido.

Clima y viento: lo que el pronóstico no siempre avisa

La meteorología condiciona los planes más de lo que cualquier aficionado imagina. El fotógrafo consulta los pronósticos antes de trasladarse, aunque eso no garantiza nada: las ráfagas y la nubosidad pueden arruinar las tomas incluso después de un viaje de cientos de kilómetros. En el norte cordobés, una tormenta lo obligó a esperar varias horas antes de poder captar estrellas reflejadas en el agua acumulada sobre las salinas, y ese tipo de espera forma parte del trabajo tanto como la toma final.

Cuando se pierde el rumbo y se agota la batería

La orientación merece tanta atención como el cielo que se quiere fotografiar. En una visita a las Salinas Grandes jujeñas, Santile y el artesano local que lo acompañaba se desorientaron al regresar y recién encontraron una salida cerca del punto por donde habían ingresado. En otra excursión, la batería agotada del teléfono lo dejó incomunicado y su familia terminó iniciando una búsqueda. Son episodios que él mismo cuenta como recordatorio: en la noche, la referencia visual desaparece y un descuido se paga caro.

Lo que ve la cámara y lo que ven los ojos

También conviene distinguir la experiencia de observación del resultado fotográfico. Los colores y detalles de estas imágenes surgen de exposiciones que duran varios minutos; algunas panorámicas reúnen capturas realizadas durante varias noches en el mismo lugar. La cámara registra información que los ojos no alcanzan a percibir de igual manera, y por eso una salida de astroturismo puede ser impactante aun cuando la foto final parezca inalcanzable.

Para Santile, las extensiones con escasa luz artificial ofrecen posibilidades concretas para desarrollar el astroturismo en el país, y coinciden en esa mirada guías y operadores que ya organizan recorridos nocturnos en varias provincias. Mi recomendación, si alguien quiere sumarse a esta experiencia, es arrancar por una salida acompañada por un guía habilitado, llegar al lugar una o dos horas antes del atardecer para reconocer el camino, llevar linterna frontal con luz cálida, ropa de abrigo en capas porque la temperatura cae fuerte después de la medianoche, agua, batería externa para el celular y los permisos gestionados con varios días de anticipación en el caso de parques nacionales o provinciales. Con esos puntos resueltos, la noche argentina se abre como uno de los cielos más limpios del continente.

IJ

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