Caminar sobre el Perito Moreno en pleno julio: la temporada que rompió el calendario del glaciar
Por primera vez en la historia, el minitrekking sobre el Perito Moreno funcionó durante junio y julio sin cortes. Crampones, casco, diez horas de excursión y un fenómeno que cambia de forma: todo lo que hay que saber para visitar el glaciar en lo que queda del invierno austral.
Son 20 los pasajeros que cada mañana embarcan en el puerto Bajo de las Sombras para iniciar el minitrekking sobre el glaciar Perito Moreno, en el corazón del Parque Nacional Los Glaciares. La cifra parece chica cuando se la compara con los más de 800 mil visitantes que recibe el parque chaque année, pero tiene una significancecia muy concreta: por primera vez en la historia, la excursión sobre el hielo abrió durante junio y julio completos y, desde ahora, funcionará sin interrupciones estacionales. Para quienes llegan a El Calafate en los próximos meses, eso significa una certeza que hasta el año pasado no existía: se puede caminar sobre el glaciar en pleno invierno, con nieve, con frío, con el cielo patagónico como única compañía.
Diez horas, crampones y una navegación previa por el Brazo Rico
El recorrido arranca antes del mediodía con una navegación de veinte minutos por el Brazo Rico, justo frente a la cara sur del glaciar, donde la pared de hielo se levanta hasta superar los sesenta metros. Después viene el descenso por un bosque andino de lengas y ñires y, finalmente, el ingreso al hielo. Cada grupo avanza con crampones y casco, escoltado por guías de montaña que conocen al Perito Moreno como la palma de su mano. La vuelta se hace en catamarán desde el mismo puerto, y antes de regresar queda un tiempo en las pasarelas de observación para mirar el frente desde abajo, con el sonido permanente del hielo quebrándose como banda de sonido del viaje. El rango habilitado es de 8 a 65 años, una decisión que combina seguridad y lógica fisiológica: el esfuerzo es real, sobre todo en temporada baja, cuando la temperatura puede caer muy por debajo de cero y el viento blanco aparece sin aviso sobre la estepa.
“Fuimos adaptándonos a los cambios del glaciar, que es muy dinámico. Hoy los circuitos son otros respecto de los que teníamos hace una década.”José Pera, guía de montaña y responsable operativo de Hielo & Aventura
- Lagunas color turquesa que se forman sobre el hielo en los meses más fríos.
- Arroyos y sumideros que se abren al avanzar el grupo por la superficie.
- Seracs, las paredes irregulares de hielo azul que sobresalen como pequenas catedrales dentro del glaciar.
- Vista panorámica desde la zona periglaciar, antes del regreso al puerto.
Para los que prefieren no pisar el hielo
No todos los visitantes se animan a calzarse los crampones, y la oferta lo sabe. Para esos casos está el Safari Náutico, que suma navegación y caminata costera y permite, según cuentan quienes lo hicieron en las últimas semanas, apoyar la mano sobre la pared del glaciar sin necesidad de subir. Una opción más breve es el Safari Azul: apenas sesenta minutos frente al frente sur, suficientes para dimensionar lo que tienen enfrente y, de paso, abrigarse la mochila con fotografías que difícilmente se consigan en otra parte del mundo.
El Chaltén, la otra puerta de entrada al parque
A poco más de doscientos kilómetros hacia el norte, El Chaltén ofrece el reverso de la misma medalla. El trekking hasta el mirador de los cóndores permite ver de un solo golpe los macizos Fitz Roy y Torre, con el valle del Río de Las Vueltas como alfombra verde y blanca. En invierno el ascenso demanda bastón y crampones, y el esfuerzo se cobra en frío y en altura. Para quienes prefieran algo más amigable, queda la caminata hasta la cascada Chorrillo del Salto, congelada de punta a punta en esta época, atravesando un bosque bajo de ñires y lengas cubierto por un manto de nieve que cruje bajo las botas. Las excursiones full day suelen hacer una parada en el histórico parador sobre la Ruta Nacional 40, a orillas del río La Leona, declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la provincia, una de esas fondas patagónicas donde el tiempo parece haberse detenido junto con el resto del paisaje.
Antes de salir del hotel vale tener dos cosas presentes. La primera, el dato de contexto que marca José Pera: el glaciar atraviesa desde hace años un proceso de retroceso y adelgazamiento de su masa de hielo, lo que obliga a reajustar los circuitos cada temporada. Caminar sobre el Perito Moreno hoy no es lo mismo que hacerlo hace una década, ni lo será dentro de cinco años. La segunda, más práctica: el minitrekking tiene un precio de referencia de 475.000 pesos por persona, con salidas diarias durante el invierno. Mi recomendación, después de hablar con guías y con operadores en El Calafate, es embarcarse a primera hora de la mañana, cargar mochila con ropa térmica de, llevar gorro, guantes, protector solar y un buen abrigo cortaviento: el clima puede pasar de sol pleno a ráfagas blancas en cuestión de minutos, y sobre el hielo la sensación térmica cae otros diez grados. Quien respete esos horarios y vaya bien equipado vuelve con una de esas experiencias que se cuentan durante décadas. Quien improvisa, vuelve con un resfriado y una foto movida.
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