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MAR, 08 SEPT 2026
Entretenimiento

Hot Wheels Infinite Rush: cuando la maqueta se vuelve mundo abierto

Milestone rompe el esquema de pistas cerradas y propone cuatro islas para explorar a toda velocidad, con más de 150 autos coleccionables y un entorno casi completamente destructible. Acá lo que hay que saber antes de poner manos al volante.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

«Es como si la mesita de la pieza se hubiera vuelto enorme y vos pudieras meter el autito por cualquier esquina», me dijo un amigo mientras pasábamos en la redacción un video de presentación. Esa imagen sirve para arrancar a hablar de Hot Wheels Infinite Rush, la nueva apuesta de Milestone que se anima a sacar a los autos de juguete del circuito prefabricado y los manda a recorrer un mapa entero, sin vías obligatorias ni meta marcada con una flecha. Para los que crecimos armando pistas en el piso del living, la idea tiene algo de fantasía cumplido. Para los que buscan narrativa, hay que avisar desde ahora: este juego no viene con un hilo conductor, y eso es parte del encanto y también una de sus limitaciones.

El mundo se divide en cuatro islas temáticas que hacen las veces de escenarios. Wheelswood es el entorno urbano, con rascacielos, calles anchas y tránsito que se cruza en el medio. Tentacle Bay lleva la acción a la costa, con ecosistemas variados y desniveles que invitan a probar los autos más pesados. Gearville es la zona industrial, un cruce entre naves fabriles y dunas de desierto donde el polvo parece parte del paisaje. Y Drifty Temples, con su inspiración oriental y sus pasos de montaña, es el lugar ideal para el que le gusta entrar en las curvas haciendo derrape. Todo el entorno reacciona al impacto: los árboles se quiebran, las luminarias salen volando y los autos civiles también sufren las consecuencias. La sensación de manejar una maqueta interactiva a escala está lograda, y eso se agradece.

Cuatro formas de acelerar

  • Bólidos: pensados para la velocidad punta, recargan turbo con aceleración sostenida.
  • Derrapadores: acumulan nitro al tomar curvas cerradas en derrape.
  • Equilibrados: generan energía con casi cualquier maniobra, un comodín para todas las situaciones.
  • Todoterreno Titanes: diseñados para terreno irregular, con recarga automática de turbo.

El cambio entre categorías es inmediato y se hace sin interrumpir la marcha, lo que abre un abanico táctico interesante: uno puede entrar a una isla con un bólido y cambiar a un Titán cuando el piso se complica, sin tener que volver a un menú. El catálogo de vehículos supera los 150, con prototipos propios de la marca y licencias de fabricantes reales. Cada ficha trae una reseña histórica del modelo y hay un editor de pintura, rines e interiores para los que les gusta personalizar. A eso se suman los modos multijugador, que van de lo competitivo con ranking a lo cooperativo o simplemente casual, y un editor de pistas personalizadas que puede estirarle la vida útil al título bastante más allá del primer playthrough.

En lo técnico, el juego corre a 60 fotogramas por segundo de forma estable, algo clave en un arcade donde cada milésima cuenta. No todo es perfecto: hay texturas que cargan con algo de retraso y los tiempos de espera al reaparecer en la isla después de un evento rondan el minuto, lo que corta un poco el ritmo. El sonido, en cambio, es un punto alto: el impacto metálico de las chocaradas y el chillido de los neumáticos en plena curva tienen ese tono caricaturesco que uno espera cuando maneja un autito de colección. La experiencia tiene luces y sombras, pero se entiende a quién está dirigida: al fanático de la marca, al que quiere acción sin vueltas y al que siempre soñó con meter el auto naranja con raya en cualquier dirección sin chocarse con la mesa del comedor.

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Sofía ParedesCultura y espectáculos

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