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JUE, 27 AGO 2026
Economía

Nueve mil pibes con cuenta propia: la generación que aprende a ahorrar en dólares antes que a pagar las cuentas

Dos plataformas acumulan cerca de 9.000 cuentas de menores habilitados por la CNV para invertir en cedears, acciones y bonos. En paralelo, más del 30% de los jóvenes argentinos no cumple con sus deudas, lo que expone la grieta de la educación financiera según el bolsillo y la escuela.

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Diego GallardoCarbón y energía · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 5 min
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Nueve mil cuentas abiertas por chicos de entre 13 y 17 años es la cifra que manejan, en conjunto, dos plataformas de inversión que lanzaron productos pensados para menores desde que la Comisión Nacional de Valores habilitó esa operatoria en 2024. La fotografía entusiasma a las empresas y enoja a una parte del sistema educativo: mientras una porción creciente de adolescentes argentinos aprende a comprar cedears de Amazon, Apple o Nvidia, cuatro de cada diez jóvenes de entre 15 y 24 años no sabe lo que es un presupuesto, un ahorro ni un crédito, según el relevamiento de Junior Achievement Argentina que volvió a circular esta semana.

El contraste no es menor. En el mismo universo etario que empieza a mover dólares en el mercado de capitales, más del 30% de los nacidos entre 1995 y 2009 muestra incumplimientos en el pago de deudas, de acuerdo con el informe de Equifax. El dato, que se repite trimestre tras trimestre, desnuda una brecha de educación financiera que no se explica por la falta de plata sino por la falta de información: los montos en mora suelen ser chicos, cuentas de streaming, tarjetas de débito, financiaciones pequeñas postergadas, que igual terminan manchando el historial crediticio y complicando el futuro de quienes recién empiezan.

Cómo funciona el corralito educativo de los menores

La normativa de la CNV abrió una puerta inédita: cualquier agente del mercado puede abrir subcuentas para chicos de 13 a 17 años con la firma del representante legal, y a los 18 la titularidad pasa de manera automática al titular real, que hasta ese momento operaba bajo el ala de un mayor. En ese universo se puede invertir en bonos, acciones, cedears, ETF y fondos comunes, con el mismo menú que tiene cualquier inversor adulto. En una de las plataformas, el 67% de las cuentas abiertas por menores está activa; en la otra, uno de cada dos adolescentes concretó alguna operación en el último trimestre. El promedio de edad de quienes efectivamente operan ronda los 16 años, lo que confirma que no se trata de una curiosidad estadística sino de un nuevo consumidor financiero.

El instrumento más elegido no es la apuesta de casino que muchos imaginan. Los cedears, esos certificados que permiten comprar desde Buenos Aires acciones de empresas extranjeras que cotizan en Wall Street, encabezan la lista, y adentro del podio manda un viejo conocido de los manuales de finanzas: el ETF que replica al índice S&P 500, conocido en la jerga como SPY. Detrás aparecen los papeles de las tecnológicas más emblemáticas del último ciclo global: Amazon, Apple, Nvidia, Google, Microsoft y MercadoLibre, la única empresa de origen argentino que se codea con las big tech en las preferencias juveniles. Entre las acciones locales, el podio lo integran YPF, Pampa Energía y BYMA, lo que dibuja una cartera típica de quien ya mamó las peleas por los subsidios, los tarifazos y la discusión por Vaca Muerta antes de cumplir los 18.

“El hecho de que su inversión principal sea el SPY nos indica que no están buscando la ganancia mágica, sino que entienden el concepto de diversificación y apuestan al ahorro de mediano y largo plazo.”Lorena Malatesta, vicepresidenta de Marketing de IOL Inversiones

La otra cara: la generación de los incumplimientos chicos

  • Cuatro de cada diez jóvenes argentinos de entre 15 y 24 años no identifica qué es un presupuesto, un ahorro o un crédito, según Junior Achievement Argentina.
  • El segmento de nacidos entre 1995 y 2009 muestra un 68,8% de cumplimiento en el pago de deudas, lo que deja a más del 30% con algún grado de mora, de acuerdo con Equifax.
  • Los incumplimientos no responden mayoritariamente a deudas grandes sino a montos chicos olvidados o postergados, igual de dañinos para el historial crediticio.
  • Dos plataformas acumulan cerca de 9.000 cuentas combinadas de menores, con un promedio de edad cercano a los 16 entre los inversores efectivamente activos.
  • El instrumento más operado por estos adolescentes es el ETF que replica al S&P 500, seguido por cedears de tecnológicas y, en el plano local, por YPF, Pampa Energía y BYMA.

Paula Spitaleri, de Balanz Academy, lo resume en un párrafo que incomoda más de lo que consuela: la idea de estas cuentas es que los chicos lleguen a la edad del crédito sabiendo distinguir entre una inversión, un plazo fijo y una bicicleta financiera, en lugar de firmar lo primero que les ofrezcan en la puerta de un banco o de una aplicación de préstamos. Para ella, el desafío es que cuando lleguen al momento de acceder al crédito, ya tengan incorporados los conceptos básicos y no dependan sólo del impulso o de la publicidad. Traducido: la educación financiera que el Estado no garantiza en las aulas empieza a compensarse, para los pibes que tienen conectividad y un adulto que firme la subcuenta, en la pantalla del celular.

La pregunta que queda flotando es incómoda para el Estado argentino y también para las familias. Un chico que ya opera su cuenta de inversión a los 16 años y otro que a la misma edad no llega a fin de mes con una tarjeta de débito prepaga están viviendo en el mismo país, pero en dos Argentinas distintas. ¿Quién se hace cargo de enseñarles a los que no tienen acceso a plataformas, a los que viven en pueblos sin conectividad, a los que en su casa el único consejo financiero que escuchan es no alcanza y no llega? Porque abrir una cuenta con la firma de un mayor puede ser una herramienta formidable, pero sin escuela pública enseñando a leer un resumen de tarjeta, ese nueve mil cuentas va a seguir siendo, durante mucho tiempo, la excepción que confirma la regla de un país que financieramente sigue partido en dos.

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Diego GallardoCarbón y energía

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