Sur Extremo Noticias  Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,00%Dólar MEP $1.541,70 +0,00%Riesgo país 509 pb +0,00%
JUE, 27 AGO 2026
Vida

Un museo escondido en la quebrada: el templo de la foto que se descubre solo

En Huichaira, a la altura de Tilcara y sin un solo cartel que avise, Lucio Boschi levantó con sus propias manos un museo de adobe dedicado a la fotografía argentina y latinoamericana. Hoy convoca visitantes de todo el país y forma gratis a pibes de las provincias.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · 27 DE AGO DE 2026 · lectura 4 min
waftg

Son las diez de la mañana y el sol pega de lleno sobre la ruta 9, esa misma que baja desde Purmamarca y que uno atraviesa con la ventanilla baja cuando va camino a Humahuaca. Del lado de Tilcara, casi sin darte cuenta, aparece un desvío de ripio que se mete entre los cerros y, después de unos minutos de curvas, te deja frente a una construcción baja, de adobe, que parece salida del paisaje. No hay cartel en la ruta que avise que ahí, en la Quebrada de Huichaira, a 2.700 metros de altura, funciona uno de los museos de fotografía más particulares de la Argentina. Así empieza la visita al Museo Entre los Cerros, un lugar al que se llega, como me dijo entre risas una vecina de la zona llamada Marta, del barrio de Huichaira, "como quien se pierde un poco a propósito".

Lo fundó en 2012 el fotógrafo Lucio Boschi, un porteño de sesenta años que lleva años viviendo en el norte jujeño. Primero levantó una casa de barro para él, después fue ampliando los ambientes y, cuando el lugar le quedó grande, decidió convertirlo en museo. La arquitectura es toda de adobe, pensada para que la luz de la quebrada entre filtrada a las salas y el cerro forme parte de la muestra. Nada está forrado de mármol ni tiene aire acondicionado: las paredes respiran, y eso se nota apenas uno cruza la puerta.

Una colección que se armó a fuerza de cartas y de amistad

La colección permanente reúne obras donadas por algunos de los nombres más fuertes de la fotografía argentina y latinoamericana: Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning y Rodrigo Abd, entre otros. Loremarkable es cómo se consiguió cada foto. Boschi no tiene mecenas ni sponsors: escribió cartas a colegas, habló con galerías y usó los contactos que fue haciendo durante años de trabajo internacional. La respuesta, cuenta, fue siempre la misma: todos dijeron que sí.

"Cuando arranqué no llegaba nadie", admite Boschi con una calma que parece aprendida en la altura. No puso un cartel en la ruta ni avisos en redes porque está convencido de que el público tiene que encontrarlo por su cuenta. Los primeros visitantes fueron los chicos de la escuela del pueblo, después algunos guías de turismo locales y, con el correr de los meses, fueron llegando grupos de fotógrafos, curadores y hasta directores de museos internacionales de primer nivel. "El boca a boca acá en la isla funciona distinto, parece que la gente se va contando en secreto", me decía Marta mientras mirábamos la quebrada desde uno de los bancos del museo.

Mucho más que una sala con fotos

Porque el MEC no se quedó en ser una muestra colgada en la pared. Con los años sumó una biblioteca abierta, talleres, residencias artísticas para fotógrafos que vienen a producir al norte y, sobre todo, un programa gratuito de formación pensado para jóvenes de las provincias. La idea, explica Boschi, es que un pibe de Tilcara, de Humahuaca o de La Quiaca tenga las mismas herramientas que alguien formándose en Buenos Aires, sin tener que bajarse del cerro. El espacio funciona, además, como punto de encuentro para la comunidad: ahí se dan charlas, se comparten mates y se discuten proyectos que después viajan al resto del país.

Antes de irme le pregunté a Boschi qué es lo que más le gusta de este lugar que fue armando durante más de una década. Me dijo, casi en voz baja, que lo que más lo conmueve es ver a chicos de la zona entrar por primera vez, pararse frente a una foto de Graciela Iturbide o de Marcos López y entender que eso, la imagen, también puede ser un oficio posible acá en la isla, sin tener que emigrar. Nosotros, los que pasamos por el museo, salimos con la sensación de que en algún rincón del país todavía se puede construir, con adobe y con paciencia, un espacio que mira hacia afuera sin perder de vista el cerro de enfrente. Lo que uno espera, al volver a la ruta y dejar atrás la quebrada, es que el secreto siga viajando de boca en boca y que más visitantes se animen a descubrirlo por su cuenta.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo